El otro día iba yo como cualquier cosa por Granada, la ciudad donde todo el mundo es amable salvo los conductores de autobús, y me puse a pensar un rato. Cuando ya llevaba 5 minutos en tan ardua tarea decidí dejarlo antes de empezar a sentirme mal, pero cierto tiempo después me di cuenta que aún seguía pensando, así que, alarmado, decidí poner fin a tamaña temeridad. Pensar 2 veces en un mismo día, qué barabaridad! Cogí algo de dinero -del bolsillo de otra persona que andaba por la calle- y fui al encuentro del cálido abrazo de la nocturnidad urbanística al contacto con la euforia humana....... vamos, que salí a emborracharme. He oído que es un buen sistema para cuando has pensado demasiado en un mismo día, y como en Granada parece que los bares no cierren nunca pues... era una buena oportunidad. En esas estaba cuando las luces se volvieron divertidas y todo el mundo era susceptible de ser considerado mi mejor amigo y luego ya no sé qué pasó. Me desperté bajo un banco, y tras quitarme los cristales de la boca y varias monedas que me habían lanzado los transeuntes (quizás roncaba demasiado y quisieron poner fin al escándalo) me encaminé a tomarme un cafelillo. Una vez en el bar me puse a hacer memoria. Cómo sería la cosa que había invitado a un desconocido a tomar una paella a mi casa!
Así es, queridos........ cosas. Es lo que tiene el alcohol. Tú sales por ahí, te bebes unas cuantas copas y derrepente todo el mundo es tu amigo, y como tal, tienen derecho a ser invitados. Ahí estás tú invitando a todo el que se te acerque a una paellita en tu casa. No se sabe por qué -los científicos llevan siglos.... que digo siglos; milenios!... buscando una respuesta sin éxito- pero el caso es que siempre que invitamos a un desconocido a comer le decimos que le vamos a hacer una paella. La segunda opción es hacerle un cocido, y luego ya hay gente que les invitan a unas lentejas, un pollo relleno, unos gofres caseros, unas tuberías con alioli o, los más cutres, a una sopa de sobre. El caso es invitar a alguien, a quien sea. Te piden un cigarro y, en tu estado, consideras que esas palabras son suficientes para determinar que esa persona es de confianza y, por lo tanto, tiene derecho a ir a tu casa un día de estos a que tú le prepares esa gran paella que dices que haces, lo cual no es necesariamente cierto. Bajo cierta cantidad de litros de alcohol comentas que vas a hacer una paella de 16 personas en tu casa, y que tú vas a comprar todos los ingredientes, y que la paella será gigantesca y grandiosa, y que los platos serán descomunales, y que será todo tan sabroso que la gente no podrá echarse a andar hasta 30 minutos después de terminar la digestión y que..... en este momento paras de hablar para ir a algún rincón a vomitar, después de lo cual sigues hinchando tu receta, que pronto se ha convertido en "yo una vez hice la paella más grande del mundo; ocupaba varias plantas de oficinas y la gente tenía que entrar 'nadando' en el arroz a meterle bocados a lo que viera... qué bien nos lo pasamos allá por 1512... porque te he dicho que yo soy un viajero del tiempo, no?".
En el fondo sabes perfectamente que no vas a hacer ninguna paella, y ese desconocido sabe que no piensa ir a tu casa (aunque no pare de preguntarte tu dirección), pero los dos hacéis el teatrillo. Qué te crees, que al día siguiente se va a levantar con resaca para ir al piso de un desconocido a comerse la paella de 60 metros cuadrados de un desconocido? Estaría bien!
- Buenas.
- Tú quién eres?
- Pues Manolo.
- Tú quién eres?
- Ayer me invitaste a una paella, y aquí estoy.
- Tú quién eres?
- ...paella.
- Qué?...... Qué hora es?... Tú quién eres?
Así somos nosotros. Nos chocamos con alguien y antes de presentarnos le soltamos "ooooye..... que.... burp....... que yo hago una paella rrrrrriquísssima.... burp.... hmmm...... un día de estos te invito.... venga, que sí....". En realidad da igual que estemos borrachos o no; nuestra paella -o en su defecto la de nuestra madre- es la mejor del mundo mundial. Pasa lo mismo con el gazpacho.
- Te invito a un gazpacho.
- Gracias, pero es que no me gusta.
- Eso es porque no has probado el mío.
- Es que no me gusta ningún gazpacho, da igual quién lo haga.
- Cuando lo pruebes cambiarás de opinión.
- Pero es que soy alérgico al tomate, y el simple contacto con la piel de tomate me produce erupciones en todo el cuerpo y el corazón me deja de latir.
- Venga, sube, que te hago uno ahora mismo.
- Pero que no puedo, que yo...
- Si no me importa, no es molestia. Yo lo hago encantado. Te va a gustar, ya verás.
- Pero oye...
- Vamos, que mientras antes subamos antes lo probarás.
- Pero.... pero oiga.... por favor, suélteme..... y deje esa navaja en el suelo, que de verdad que...
- Venga, vamos!
Podría ser peor. Podríamos haber nacido con la costumbre de regalarle dinero a los desconocidos cada vez que nos echamos unas gotas de alcohol en la garganta...

1 insultos:
jajajaja
el caso es que a mi en vez de a paellas, los desconocidos me invitan a sus casas para que me acueste con ellos, sin paellas ni nada tio, tu te lo puedes creer? esq hay gente mas desconsiderada... en cualquier caso, yo si que hago un gazpacho de puta madre, que hasta a los alergicos les gusta, se mueren igual, pero se mueren felices, coño.
por cierto, me gusta el nuevo look del blog, animo y sigue como hasta ahora ;)
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